De tú a tú con Luminosa – Audios



Foto de archivo

Sobre Jesús Abandonado y cómo amarlo

Publicamos el audio de una intervención de Luminosa durante la Maríapolis de Burgos, en el verano de 1972, tal como tuvo lugar.
El tema del que habla es central en la espiritualidad de Chiara Lubich: Jesús Abandonado, la máxima expresión del Amor y su inmenso misterio, cómo descubrirlo en nuestra vida, cómoreconocerlo en cada dolor personal y en los del mundo en general, cómo amarlo día tras día haciendo de Él el único Ideal de nuestra vida. Luminosa enriquece la exposición con sus experiencias personales.


(Transcripción literal)

Apenas habían comenzado a vivir así (Chiara y sus primeras compañeras, ndr), una pregunta se les puso dentro, que les brotó espontáneamente. Se preguntaron: ¿qué será lo más bonito que Dios ha creado?, ¿las estrellas?, no sé ¿los niños?, ¿los ocasos? ¿Qué será la cosa más bonita que Dios ha creado? Y comprendieron que lo más bonito que Dios había creado era el Amor: el amor de una madre, el amor de un hermano, el amor del novio, y entonces -eran jovencitas también ellas- se dijeron: pero si el amor es algo tan bonito, ¿qué será Dios que ha creado el Amor? Y con la sencillez de los niños, le pidieron a Dios que les hiciese experimentar, ya desde esta tierra, cual era su amor, quién era Él, Dios Amor, así como había hecho con los santos.

Ayer veíamos como Dios se les había manifestado y les había mostrado, les había hecho intuir esta máxima medida del amor, les había hecho vislumbrar este misterio de amor que era el Abandono. Y ellas comenzaron sencillamente a reconocerlo, a vivirlo, porque no se trataba de hacer razonamientos, pensar, meditar…, no, era ponerlo enseguida en práctica. Y comenzaron a descubrirlo, a amarlo, a reconocerlo en cada dolor que se presentaba. Y nos contaban como realmente Jesús Abandonado se iba manifestando a sus vidas como algo fantástico, las atraía así.

El problema de la vida humana, lo hemos dicho varias veces en estos días, por lo tanto también de la nuestra, es el dolor. Y entonces, comprendiendo que Jesús en aquel momento del abandono, como un imán divino, había cogido sobre sí todo aquello que era dolor y lo había trasformado en sí mismo, Él se había hecho ese dolor, había como absorbido todo aquello que era negativo en el mundo. Fue muy sencillo luego, cada vez que se presentaba bajo cualquier dolor por terrible o pequeño que fuese, era sencillo reconocerlo a Él, que detrás del dolordecía: “no temas, soy yo”. Y amarlo. Cada dolor nuestro, de cada uno de nosotros, cada dolor no es otra cosa que un aspecto de su gran dolor.

¿Y qué significa amarlo, a Jesús Abandonado?, ¿cómo podemos hacer para amarlo, para reconocerlo? No sé, yo os cuento la experiencia que hemos hecho en estos años y os digo la verdad que en la medida pequeña, sin duda, imperfecta, pero que hemos experimentado (pero que lo podemos hacer cada uno de nosotros esto, que basta probarlo), que Dios que es Amor no se deja vencer en generosidad. Y cada vez que nosotros frente a un dolor que se nos presenta, cualquiera que sea, somos capaces de amarlo sin analizar el dolor, de amarlo como somos capaces y como podemos, pero verle inmediatamente a Él, reconocerle…, por ejemplo tengo una duda dentro, tengo, no sé, algo que me oprime: me detengo un momento, miro en la cara a ese dolor, diríamos, por un instante me aíslo de lo que me rodea, para encontrarme cara a cara dentro de mí con Él en eso que siento y le digo “Sí”.

No solo eso, le digo: he vivido estos años que tengo esperándote en este momento, he venido para encontrarme contigo aquí. Es decir, lo amo en ese dolor sin pensar a la causa, sin pensar si el motivo de ese dolor soy yo misma que me procuro eso por mi pecado, por mi miseria, o es el otro…, no importa la causa, no perdamos tiempo en eso, importa ese dolor y una vez que le dije “sí” hasta el fondo, es decir, que lo he consumado en mí, una vez que hice eso, ¡fuera, basta!: no existe más el dolor, me pongo enseguida a amar a aquel que tengo al lado, a hacer la voluntad de Dios de ese momento presente, es decir, salgo fuera de mí para amar a los que tengo al lado: hemos experimentado que cada vez que nos hemos esforzado en hacer esto, el dolor si es espiritual desaparece, si es físico experimentamos físicamente lo que dice Jesús: que mi yugo es suave y ligero.

Podemos, no sé…, recuerdo días pasados, hace poco, porque, sabes una de las cosas donde más nos cuesta reconocerlo a Jesús Abandonado…, es más fácil, al menos para mí, reconocerlo en las circunstancias externas que reconocerlo en mí misma, por ejemplo, en el aceptarme como soy: aceptar mis límites, aceptar mis fallos.

Días pasados, por una serie de circunstancias, como nunca, os digo la verdad, me encontré frente a la realidad de mí misma… Casi diría que tocaba con las manos mi límite, no solo, mi miseria, realmente, y esto me dolía tremendamente, porque sinceramente yo quiero amarlo a Dios, pero después, en la práctica, lo cierto es que hacía todo lo contrario. En cierto sentido, os digo, experimenté dentro como la traición, ¿sabes?, como cuando tu traicionas a alguien a quien quieres y esto me hería profundamente y me costaba reconocerlo en eso, pero en ese momento dije: no importa la causa, sentí que tenía que hacer un salto con el alma, no detenerme en eso porque si no me encerraba en mí. Y no importaba el motivo, lo importante era que en ese momento era Él… Y traté de amarlo como pude. No solo, sentí que mi amor tenía que ir más allá y decirle: estoy contenta de haber llegado a este extremo. No solo estoy pronta a estar así toda la vida, porque lo que a mí me importa no es que se me pase el dolor, lo que me importa es amarte a ti. Y me sentí libre, libre de mí misma y sobre todo me parecía como que Jesús, pero me parece que nos lo dice a cada uno de nosotros, como si me dijese “Yo te amo así, como eres”.

Es decir, si nosotros frente a cada dolor que se nos presenta, esa incomprensión, esa sensación de soledad que a veces experimentamos, esa confusión que a veces tenemos y que ni siquiera sabemos qué es lo que pensamos, lo que nos pasa, ese contraste de sentimientos que a veces tenemos dentro, todo esto que todos nosotros hemos experimentado seguramente, si frente a esto hacemos como este juego de amor, vemos que realmente es un juego divino en el cual el dolor se transforma en amor. Y experimentamos un poco el misterio de la muerte y la resurrección, con todo lo que la resurrección trae consigo, como decíamos los otros días: aquella paz, aquella luz, aquella plenitud que solo Dios puede dar. Pero para ello es necesario que nosotros tengamos el valor de hacer del tormento, de la angustia, de las agonías del alma, de las turbaciones, de las tentaciones una ocasión para amar a Dios.

A Jesús Abandonado lo podemos reconocer también en cada dolor físico, moral o espiritual, no solo dentro de nosotros, sino también lo que se nos procura alrededor. Recuerdo que una vez hace tiempo me habían encargado, me habían confiado un trabajo bastante difícil, por lo menos para mí, me parecía que un poco me sobrepasaba, de todos modos realmente traté de hacerlo lo mejor que podía, dando lo mejor de mí misma en ello. Y en un determinado momento una persona interpretó aquello, algo que yo había hecho y (que seguramente no lo había hecho bien, porque si lo hubiese hecho bien hasta el fondo se hubiese entendido… Seguramente había mucho también de amor propio -porque siempre hay tanto de amor propio en aquello que hacemos- y Dios que nos ama en la verdad, Él se encarga siempre de purificarnos, porque a Él no le interesan las cosas, le interesamos nosotros, y entonces cuando ve que con toda la buena voluntad cogemos un camino distinto… se encarga de así… como de poner las cosas en su lugar).

Total que se interpretó en un modo completamente distinto. Yo en ese momento, realmente había tratado de dar lo mejor que tenía, como os digo, y sentí que se me derrumbaba todo, de golpe me encontré que ese trabajo de un año casi se me caía al suelo y experimenté el fracaso, la incapacidad, la inutilidad, sabes cuándo tú te sientes que realmente dices no soy capaz de hacer nada, estropeo todo… Pero traté también, aún medio atontada por el golpe, traté de amarlo, y dije “esto también eres Tú”. Lo hice como pude, tratando realmente de hacerlo con toda el alma y allí también me di cuenta, o sea, de amarlo a Él por Él, y después ¡fuera!, me puse a hacer lo que tenía que hacer, era inútil que estuviera pensando y comprendí algo, eso que también decía recién Carlos, me di cuenta de una cosa: que ni un pelo de nuestra cabeza cae sin que Dios lo permita. Y entonces me di cuenta, allí, que todo esto que me había sucedido y también todo aquello que me hubiese sucedido en el futuro iban a ser solo circunstancias que Dios permitía para llevarme siempre más a la unión con Él. Es decir que las personas y las cosas no determinaban mi vida, que mi vida no estaba condicionada a nadie ni a nada, estaba solo condicionada a Dios. Y Él se servía de aquellas cosas que me rodeaban, de las personas que estaban conmigo para hacer ese trabajo en mí. Y me sentí libre también allí.

Jesús Abandonado lo encontramos también, no solo en nosotros, y en aquello que tiene relación con nosotros, lo encontramos también fuera de nosotros, en cada hermano que sufre. Lo encontramos en aquel que se siente solo, que se siente ignorante, en aquel que sufre dolores físicos, en el ciego, en el mudo, ayer oíamos una experiencia de este religioso que nos contaba su experiencia en este hogar de personas con discapacidad…, lo encontramos en el triste, en el incierto, en el que se siente traicionado.

Jesús Abandonado, en ese momento en el que gritó “¿Dios mío, Dios mío, porqué me has abandonado?”, experimentó dentro de sí todos estos estados de alma y los cogió sobre sí, y como Él aparte de ser hombre era Dios, porque no podía dejar de ser Dios, Él transformó todo esto en sí mismo. Y, por lo tanto, si nosotros, si cada una de estas personas que estamos aquí, reconocemos (y nuestro amor ayuda también a los demás a que lo reconozcan en sí mismas) un rostro de Él, vemos que Jesús Abandonado resulta ser para el sordo la voz, la palabra, para el ciego la luz, para el solo el encuentro, para el traicionado la fidelidad, para el incierto la seguridad. No existe un solo estado de alma, ninguno de nosotros puede decir: esto que yo pruebo ahora, en este momento, Jesús no lo ha probado. Jesús ha probado todo, todo lo que estamos sintiendo cada uno de nosotros y Él lo ha probado justamente para transformarlo en Él.

No sé, me parecía que Jesús Abandonado…, os hago un ejemplo banal tanto para entendernos, no sé, es como la cámara oscura donde se revelan las fotos, donde entra el negativo de la foto y sale fuera la foto, lo positivo. Entra en Él el dolor, amándolo así como decíamos, y sale fuera el amor. Es la cámara oscura que revela la foto, que transforma lo negativo en positivo. Basta que nosotros miremos este dolor, miremos esto que nos duele, con estos ojos y Él lo transforma… Porque Jesús Abandonado lo tenemos también no solo en las personas, sino también en los acontecimientos dolorosos: cada acontecimiento doloroso es un rostro suyo. Por ejemplo, Él es lo imprevisto, lo de esta mañana, por ejemplo, era un imprevisto. Cuántas veces nos encontramos con cosas que no nos esperábamos, o sea, una situación que iba muy bien en casa, de golpe vemos que no nos entendemos más, o en la comunidad, o en la escuela, o en la oficina, algo que no esperábamos…

Los otros días, también para donaros las experiencias, me encontré con una situación que cambió imprevistamente, por completo, o sea, cuando uno se da cuenta de que una cosa cambia de par en par, cuando de repente te encuentras frente a algo que no te lo esperabas y no sabes porqué… Os digo la verdad, que en un primer momento me desconcerté, luego un poco me enfadé también y busqué miles de explicaciones a esto, hasta que me di cuenta que estas explicaciones que yo quería dar no eran otra cosa que excusas para no amarlo…Y entonces comprendí que no tenía que buscar ninguna explicación, tenía que amarlo en este imprevisto que no estaba en mi programa, que no había pensado, no formaba parte del horario que me había hecho y entonces me costaba reconocerlo, pero pienso que tampoco en el programa de Jesús, no sé, estaba a lo mejor el abandono, en el sentido de que, poco tiempo antes, Él había dicho “el Padre y yo somos una sola cosa” y en ese momento Él se encontró ante ese imprevisto de experimentar una impresión, de experimentar el abandono del Padre.

Y así también, no sé, podríamos encontrarnos, no sé, en la duda, como decíamos. Y habría muchos nombres para darle, no sé, la figura de la acusación, del divorcio, del exilio, de la incomprensión; la figura de, no sé, como decía antes, de aquello que nos duele… Es decir: si nos pusiéramos aquí a enumerar todas las circunstancias dolorosas donde lo podemos encontrar no acabaríamos nunca.

Jesús Abandonado en aquel momento en el que nos amó hasta el extremo, Él ha sido para nosotros, se ha transformado como en un plano inclinado: solo Él podía hacerlo porque era Dios y era hombre, y Él era el único que podía recomponer la unidad entre el Padre y nosotros. Siendo Él hijo de Dios, era el único que podía hacernos hijos de Dios nuevamente. Y se transformó, quiso ser como un plano inclinado que unía el cielo y la tierra.

Recuerdo una vez un ejemplo que Chiara nos hacía. Decía que Jesús Abandonado era como, ¿conocéis los relojes de arena?, era el punto central, ese agujero central que es un punto a través del cual todo lo divino pasa a lo humano y lo humano entra en lo divino.

Y es allí, en Jesús Abandonado, donde nos encontramos todos nosotros, ¿por qué ese plano inclinado? porque en el fondo somos todos pecadores y Él quiso hacerse, como dice san Pablo, por amor, quiso hacerse maldición, pecado, aunque no pecador. Y es por eso que Él es el punto de contacto con cualquiera que se llame hombre, habiendo sido Él quien recompuso la unidad con el Padre, quien nos hizo nuevamente hijos de Dios, es también Él la llave para recomponer la unidad entre nosotros.

Cuántas veces, en casa, por ejemplo, o con el esposo, o con los padres, o con los parientes, o en la oficina con el compañero o con el jefe, o en la escuela con la directora, aquí cada uno podría poner su caso, se rompe algo, sentimos como que la armonía se resquebraja, y entonces ¿qué tenemos que hacer en ese momento, cuando sentimos esa ruptura, esa desunidad?, es inútil ponernos a pensar si la razón es mía o es del otro, si la culpa la tengo yo o la tiene el otro…, perdemos tiempo, ¿qué tenemos que hacer en ese momento? Como hizo Él: amarlo ese dolor. Es Él, no detenernos en el dolor, sino ir más allá: decirle “sí”, y luego una vez que le dijimos “sí” hasta el fondo, fuera a amar a aquel prójimo que puede ser el marido, que puede ser la mamá, que puede ser el papá, que puede ser el hermano, que puede ser el jefe, el compañero, la vecina: ser nosotros los primeros en amar, o sea amar con ese amor que va más allá de sí mismo, como hizo Él, de tal modo que, yendo más allá de este límite, de esa ruptura, de esa desunidad, se tiende como un puente a través del cual me encuentro nuevamente con el otro. Supero la ruptura, colmo el vacío.

No solo. Jesús Abandonado es también quién nos hace perfectos en la unidad. Todos tenemos este deseo profundo. Antes por ejemplo hablaba con una religiosa y me decía esta ansía que sentía realmente de ser un corazón solo y un alma sola con su comunidad, pero pienso que todos lo queremos esto, también en casa, en la familia: ¿quién no desea sentir realmente que somos un solo cuerpo allá en la comunidad donde vivimos? E incluso entre nosotros: ¿quién no desea la unidad entre nosotros? Pues bien, Jesús Abandonado es Él quién nos hace perfectos en la unidad.

¿Por qué?, ¿por qué? Si Jesús está en ti, si Jesús está en mí, si Jesús está en todos nosotros pues entonces es Él quién logra unirnos y hacer de todos un corazón solo y un alma sola, pero a condición que Jesús viva plenamente en mí, porque solo Jesús hace la unidad, solo Él es quien nos unifica, pero para que Jesús esté plenamente en ti, para que esté plenamente en mí, para que esté plenamente en cada uno, es necesario que yo consume todo esto que tengo dentro: o sea, el dolor, la angustia, mi límite, todo lo que experimento dentro, todo aquello que no es Dios dentro de mí, todo aquello que es -como diría San Pablo- hombre viejo, todo aquello que es límite, por amor a Él lo supere, lo absorba. Como una esponja que absorbe toda la humedad y deja las cosas secas, así también yo confío todo lo que tengo dentro, y entonces por amor a Él, Jesús, el amor a Jesús Abandonado me hará salir fuera, diríamos, sale fuera la otra parte de la medalla que es Él, porque no puedo quedarme en el dolor, tengo que pasar el dolor. Entonces será Jesús Abandonado quien me hace ser plenamente Jesús, es el misterio de la muerte que me lleva a la resurrección, que me hace participar de esta vida nueva, que es la vida divina, que es la vida de Dios en mí, que Él me ganó, que me consiguió con su abandono.

Y esto hará no solo que Jesús viva dentro de cada uno de nosotros, sino también entre nosotros. Y entonces será Él entre nosotros que podrá realizar Su testamento, que atraerá una por una todas aquellas almas que nos pasan al lado, y realizará esto: “atraeré todos a Mí”, hará la unidad. Pero no hay conversiones sin derramamiento de sangre, es decir, que no hay vida sin muerte, tenemos que pagar un precio así como lo pagó Él, el precio para obtener la vida.

No solo esto. Jesús Abandonado es el modelo de los que quieren amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, porque Él ama a Dios justo en el momento cuando Dios lo abandona. Jesús Abandonado, si lo amamos como decíamos antes, diciéndole que sí cada vez que se presenta y luego fuera a amar a los otros, sin ponernos a analizar, sin ponernos a razonar, adhiriendo inmediatamente a Él, Jesús Abandonado es el modelo que nos enseña como realizar la unidad entre los hermanos: porque yo no puedo entrar nunca en el otro si estoy llena de mí misma. Para poder entrar en otra persona, para ser uno con otra persona tengo que ser perfectamente pobre de espíritu y estar vacía de mí misma y solo llena de amor, porque el amor es vacío de sí. Ahora Jesús Abandonado es el modelo perfecto del pobre de espíritu, porque es uno que pierde todo, pierde incluso, por lo menos como impresión, a Dios: no lo siente más.

Jesús Abandonado es el modelo del negarse a sí mismo, de la renuncia, de la mortificación, porque Él en aquel momento no solo está mortificado en el cuerpo, en sus sentidos externos, sino que está mortificado en el alma. Es la renuncia de un Hombre-Dios a sí mismo.

Jesús Abandonado en aquel momento es el modelo del que confía contra toda esperanza. Él había dicho: “confiad yo he vencido al mundo” y en ese momento es Luz para todo aquel que confía, porque El confía al amor cuando el amor lo deja, confía en Dios cuando Dios lo abandona.

Jesús Abandonado es el modelo de quien quiere dar gloria a Dios, porque en aquel momento, como nunca, anulándose a sí mismo hasta el extremo, Él dice que Dios es todo.

Jesús Abandonado en ese momento vive aquella frase del Evangelio: “quien no deja padre, madre, hermanos…”. Jesús Abandonado, en este momento, vive todo aquello que había predicado durante sus tres años de vida pública. Él había dicho “si el grano de trigo no cae en tierra y muere quedará solo, pero si muere dará mucho fruto”. Y dice: muere. Él es el modelo perfecto de este grano de trigo que muere y produce como fruto el pueblo de Dios, la Iglesia.

Jesús Abandonado revive en sí, en aquel momento, todas las bienaventuranzas: Él ha vivido en un modo único la paciencia, la templanza, la justicia, la mansedumbre, la magnanimidad.

Jesús Abandonado, en aquel momento del abandono es cuando está más cerca del hombre porque es más hombre que nunca y es igual al último hombre de la tierra, porque es el momento en el cual más lo ha amado. Y al mismo tiempo es cuando está más cerca de Dios porque es justamente por amor de Dios, por amor del Padre que Él muere de ese modo, porque Él quería hacer la voluntad del Padre.

Si en el amor a Dios y en el amor al prójimo se resumen toda la Ley y los Profetas, Jesús en el momento del abandono cumple, vive a fondo todos los mandatos y deseos de Dios.

Pero todo esto puede quedar en una bonita teoría, si nosotros ya ahora…, no importa esa única cosa que hemos comprendido que es que Él se esconde detrás de cada dolor…

Recuerdo, y con esto acabo, una experiencia de una amiga que dice: sabes, yo he comprendido una cosa que -muchos de vosotros tal vez la conozcan esta, con quienes he tenido ocasión de verme se la he comunicado porque me ayudó mucho-, dice, sabes, he comprendido una cosa. ¿Te acuerdas de la fábula del príncipe azul?, esa que muchas veces te cuentan en el colegio, a las niñas, que le contamos a los hermanitos, ¿no? ese príncipe azul que se encuentra con la princesa que había caído bajo un encanto y, cuando el príncipe se le acerca, la princesa se despierta. Bueno, dice, así tenemos que hacer nosotros con Jesús. Jesús duerme -los términos son impropios, eh, pero en el sentido figurado lo comprendemos ¿verdad?-, Jesús duerme debajo de cada dolor, ese que se te presenta ahora en el momento presente: un poco de cansancio, un poco de frío, un poco de calor, la silla que es un poco dura, que has perdido la maleta, que justamente el autocar que tenía que venir y partir ahora, a la una, se retrasa…, cualquiera, así como es en el momento presente: si tú lo amas verás que debajo de ese dolor duerme el Amor, y se despierta. Pruébenlo.

Esta es la experiencia que un poco hemos hecho, que hemos tratado de hacer en estos años, y ha sido justamente viviéndolo, como os digo, tratando de reconocerlo como éramos capaces y luego fuera a amar a los otros, lo que nos ha hecho penetrar un poco más en este misterio que es un misterio insondable del dolor. Pero un poco también, porque Dios es Amor y no se deja vencer en generosidad, Él ya te hace experimentar un poco su amor desde esta tierra. Y ha sido sobre todo el ir descubriéndolo a Él en este momento lo que, recuerdo, empujó a Chiara, después de conocerlo un poco más, a hacer una nueva elección, como una segunda elección, más consciente, más responsable, de este que queríamos que fuese el único Ideal de nuestra vida.

Y así fue que -yo quería leerla junto con vosotros- escribió aquella meditación, que quiere ser el programa de nuestra vida, diríamos la charta magna de nuestra vida, que si tenemos que presentarle a alguien nuestro documento de identidad como cristianos quisiéramos presentarle solo este.

Y yo ahora quisiera leerlo junto con vosotros:

Tengo un solo esposo sobre la Tierra: Jesús Crucificado y Abandonado.
No tengo otro Dios fuera de Él. En Él está todo el Paraíso con la Trinidad
Y toda la tierra con la Humanidad.
Por eso lo Suyo es mío y nada más.
Suyo es el dolor universal y, por lo tanto, mío.
Iré por el mundo buscándolo en cada instante de mi vida.
Lo que me hace daño, es mío.
Mío, el dolor que me acaricia en el presente.
Mío, el dolor de las almas que están a mi lado.
Mío, todo lo que no es paz, gozoso, bello, amable, sereno…
Así por los años que me quedan:
Sedienta de dolores, de congojas, de desesperaciones, de melancolías, de separaciones, de exilio, de abandonos, de tormentos, de…todo lo que Él es y Él es el Dolor.
Así, enjugaré el agua de la tribulación en muchos corazones cercanos.
Y por la comunión con mi Esposo omnipotente también lejanos.
Pasaré como fuego que consuma todo lo que ha de caer y deja en pie solo la Verdad.

(aplausos)